Jerez: Historia y leyenda

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El corsario inglés Francis Drake entró en la bahía de Cádiz como una sombra portadora de destrucción. Con mayúscula rapidez capturó, incendió o hundió una treintena de navíos, en su mayoría mercantes destinados al aprovisionamiento de la armada española. Ya en el puerto, destruyó unas mil toneladas de barriles destinados al transporte de agua, hecho que causó graves problemas de abastecimiento y contribuyó al posterior desastre de la bautizada con sorna por los ingleses como Armada Invencible. De la destrucción de toneles se salvaron 2.900 botas de vino de Jerez que los ingleses cargaron en las bodegas de sus barcos. Aquellas botas se vendieron en todas las tabernas inglesas como “auténtico Cádiz”. Fue el infausto y fulgurante saqueo del 29 de abril de 1587 que, por paradójico que resulte, contribuyó decisivamente al prestigio mundial del vino de Jerez.fototeca sherry.org

El Jerez era el vino más apreciado y consumido por la marinería. Su presencia en el comercio transoceánico era muy especial, siendo aprovisionamiento fundamental de las flotas de navíos de guerra y mercantes que viajaban por todos los mares y al Nuevo Mundo. Viajó así el Jerez por todo el planeta, siendo el mejor embajador posible de España y forjando su leyenda década tras década.

 Dos siglos después del saqueo de las 2.900 botas, de nuevo una batalla marítima contra los ingleses -también de infausto recuerdo-, la batalla de Trafalgar en 1805, volvería a marcar el destino de España y del Jerez. La victoria aplastante de la armada inglesa convirtió a la “Pérfida Albión” en el amo y señor de los mares y en la nueva potencia dominadora del mundo en lo político y en lo comercial, imponiendo sus gustos y modas. La severa crisis económica que padeció España en aquellas fechas confirmó el carácter internacional del Jerez, ya que la riqueza estaba fuera y había que potenciar la exportación.

 Los españoles, en su mayoría, desconocían la grandeza de los vinos del sur de su propio país, que eran tan apreciados en el extranjero. El hispanófilo inglés Richard Ford expuso la triste situación, que perdura en nuestros días de forma casi idéntica, en su obra de 1846, Las cosas de España:

 Los españoles, en general, conocen poco el jerez, exceptuando los que viven en la inmediata vecindad de la comarca en que se produce, y puede asegurarse que se consume más en los cuarteles de Gibraltar que en Madrid, Toledo y Salamanca. El jerez es un vino extranjero, hecho y consumido por extranjeros, y los españoles no suelen ser muy aficionados a su aroma fuerte, y menos aún a su alto precio, aun cuando algunos lo acepten por la gran boga que tiene en Inglaterra, que quiere decir que la civilización lo ha adoptado.

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 Y el vino de Jerez fue evolucionando. Hace unos doscientos años surgió el milagro del velo de flor, la “nata” amarillenta que aparecía por accidente en la superficie del vino de las botas que no estaban completamente llenas. Aquella nata extraña era una colonia de levaduras que transformaba el vino en un producto mucho más rico y complejo. Los bodegueros aprendieron a cuidar e incluso a mimar la flor, convirtiéndose casi en granjeros que velaban por su conservación y bienestar. Aparecieron los nuevos vinos de Jerez: fuertes, oscuros y de alta graduación. Eran vinos grandes y misteriosos, fruto de una compleja evolución, que recibieron los nombres hoy conocidos por los aficionados y profundamente desconocidos por el resto: Fino, Manzanilla, Amontillado, Oloroso, Palo Cortado

 Ningún otro vino del mundo ha sido tan profusamente alabado por sabios y literatos de todas las nacionalidades. Victor Hugo elogiaba animosamente: “¡Viva el vino de Jerez! Jerez es una ciudad que debería estar en el paraíso”. Alejandro Dumas lo elevaba a la categoría de inspirador de un pueblo: “Jerez, símbolo de la alegría y del espíritu español”. El gran médico e investigador Alexander Fleming le confería propiedades milagrosas: “Si la penicilina cura las enfermedades, el Jerez resucita a los muertos”. William Shakespeare colocaba al vino de Jerez en el Olimpo de las bebidas: “Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería abjurar de toda bebida insípida y dedicarse al vino de Jerez”.

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 El historiador e hispanista francés Joseph Pérez, hijo de emigrantes valencianos, expone en su obra de 2009, La Leyenda Negra, que los españoles hemos interiorizado de forma inconsciente la respuesta furibunda extranjera a la fuerte hegemonía española durante el siglo XVI. La llamada Leyenda Negra fue una campaña mediática de agitprop orquestada principalmente por franceses, ingleses y holandeses, formada por leyendas, mentiras y calumnias, con la única intención de deslustrar y emponzoñar el que por aquel entonces era el gran imperio mundial. Sostiene que, tras el derrotismo y el pesimismo provocado por la pérdida de la hegemonía mundial, y los sucesivos desastres militares y económicos que llevaron al fin del imperio español, se apoderó de nosotros un sentimiento de vergüenza que nos ha llevado a asumir e interiorizar todo aquello como cierto y, por ello, hoy en día seguimos arrastrando esas ligaduras.

 Quizá sea esto mismo lo que ha pasado con el vino de Jerez, uno de los mejores del mundo. Puede que algún día recuperemos el orgullo y seamos conscientes de lo que tenemos ahí mismo, al sur de la piel de toro, y así el Sherry, como dicen los ingleses, deje de ser prisionero de su propia herencia. El Jerez es historia y leyenda como ningún otro vino del mundo; eso es algo que nunca debemos olvidar.

6 Comentarios

  • Joan dice:

    Gracias por este estupendo post Carlos, voy a aprender mucho esta semana dedicada al Jerez.
    Ya tenía razón Richard Ford hace casi dos siglos, creo que el desconocimiento, incluso el desprecio por parte de los jóvenes hacia el Jerez sigue en nuestros días.
    Esperemos que este reciente auge que está recobrando cale en las nuevas generaciones. Yo de momento ya me he agenciado una botellita de Tío Pepe en Rama 🙂

  • Lorenzo Alconero dice:

    Trafalgar fue la constatación de una realidad, de todas formas, puestos a recordar batallas navales pretéritas, mejor hacerlo de Lepanto. Y ya puestos, parafraseando a Martes y Trece, «lepanto» mi copa por estos vinos de Jerez, ¡auténticos testigos de la historia!

  • Carlos.M.I dice:

    El follón de las coaliciones cristianas en Lepanto fue mucho mayor, y exitoso, que la unión -penosa- franco-española de Trafalgar. Una batalla más caótica que enseguida se convirtió en un anacronismo total.
    En 1616, la armada corsaria del Duque de Osuna, con sólo seis veleros, seis, en Cabo Celidonia -Chipre- derrotó a 55 galeras turcas. Las naves mancas españolas, sólo a vela y sin galeotes, derrotaron a las turcas del imperio Otomano en tres días y causaron un tremendo número de bajas. Aquello fue un salto tecnológico brutal. Al final fueron los ingleses los que terminaron dominando la navegación a vela, doscientos años después.

  • JOSELUI dice:

    El sol no se ponía en nuestro Imperio y con los Austrias y con los Borbones perdimos todas nuestras posesiones… menos el Jerez.
    Viva el Jerez!!
    Y viva Cádiz!!

  • Carlos.M.I dice:

    Jajaja ¡El Imperio contrataca!

  • Nos gustaría compartir con todos, uno de nuestros artículos, sobre un curioso hecho histórico relacionado con el vino y la ciudad de Cádiz: «De cuando el vino de Jerez salvó a Cádiz»:

    http://www.lasacristiadelcaminante.com/2014/02/de-cuando-el-vino-de-jerez-salvo-cadiz.html

    Esperamos que lo disfruteis!!

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