Lorenzo Alconero — 20/03/2015
Parto de la base de que todo aquel que elabora vino, desde la humildad del trabajo diario, desde la sintonía con el medio, se merece todo el respeto. Digo esto para evitar que este texto sea malinterpretado. En un mundo del vino cada vez más globalizado y tendente a la homogeneización, personas como Fabio Bartolomei y sus vinos son de una manifiesta necesidad. Llevo al título de este artículo los famosos versos de Rodrigo Caro , pues así debió de encontrarse Fabio algunos de los majuelos con los que ahora elabora sus vinos, "campos de soledad, mustio collado" . La recuperación de estos viñedos y, en definitiva, de la vida en ellos, ya es suficiente motivo para darle cabida en estas páginas y para mostrarle nuestro apoyo de cara a afrontar los retos futuros. Su forma de trabajar el viñedo consiste, entre otras acciones, en dejar crecer todo y luego en mayo, para la primavera, segar todo con tractor y dejar que se quede ahí cubriendo el terreno. La tierra sólo la ara cada dos años. Ejemplos estos de su filosofía de no-intervención, de dejar que la Naturaleza sea la que trace el camino a seguir. Fabio, y aquí, como en el resto del artículo, vierto mi opinión personal (sin duda infundada), gusta de jugar al despiste. Prefiere eludir cualquier polémica, dar la razón a todos, tanto detractores como acólitos. No necesito certificarme, mi producción es pequeña, conozco casi todos mis clientes y por el boca a boca todos saben cómo trabajo. Sus vinos son, por tanto, reflejo para lo bueno y para lo malo de su forma de ser. Empezamos la cata por, según Fabio, el más sencillo de mis vinos, su Airén 2014 del viñedo de Carabaña. Buena nariz, franca, a flores blancas. En boca hay un claro predominio de un gusto que describiría como al del kiwi muy maduro, casi pasado. Pese a que en vista se presentaba algo turbio, comparado con el resto de vinos, no lo resultó tanto, ni hubo rastro de turbidez ni en nariz, ni en boca. Sin duda un vino disfrutable, de los de trago largo y repetición. El siguiente vino fue Doré 2014 , el nombre es el que a él le transmitieron como el propio de la variedad, proviene de un viñedo en El Tiemblo. La nariz me resulta difícil de describir, en boca me asaltan recuerdos de naranja amarga. Preguntado por el oscuro color de sus blancos, Fabio contestó no saber la causa, indagado si podría ser motivado por la oxidación, consideró que era difícil pues cubría los depósitos con una tapa flotante rellena de aire. Como se le insistiera en su opinión sobre el porqué de dicha tonalidad, sólo pudo opinar que era el color resultante de sus uvas. De Cebreros venía el siguiente vino, un sauvignon blanc de 2013 , elaborado en tinaja de unos mil litros y sin enterrar. Proveniente de una parcela con raigambre, concretamente de Finca Quexigal, desde cuyo origen monástico, en época de Felipe II, fue pasando por diferentes manos aristocráticas y, en la actualidad, es propiedad del Grupo Eulen, dueños también de Vega Sicilia , quienes a pesar de mimar el viñedo, venden la uva a la cooperativa local. Dentro de este despiste al que juega Fabio, comentó no haber probado el vino elaborado por Daniel V. Ramos con uvas de esa misma finca, y eso que comparten bodega. Entramos aquí ya en vinos al límite, tan al extremo que uno entiende que haya quien no los considere vino, sino más bien una especie de zumo parcialmente fermentado. Vinos de aspecto turbio que en boca no se me ocurre mejor definición que la del Tang aguado. Entiendo que esta descripción no sea fácil de comprender para nuestros lectores de menos de 35 años, o de lugares que no contasen con la citada marca de bebida casera, pero básicamente consistía en prepararte un refresco de naranja en casa añadiendo al agua los polvos contenidos en un sobre. Si no se revolvía bien, los polvos quedaban al final del vaso y al apurarlo notabas su fuerte sequedad. Pues eso. De Villarejo de Salvanés provenía el siguiente vino, Malvar 2013 . Tras pasar, ¡ni más ni menos que un año macerando en tinajas de barro! (en principio se debió según cuenta Fabio a un error, cuyo resultado le gustó y convirtió en norma). Es decir, vinificación sobremadre llevada al extremo. En nariz no tardan en aparecer los aromas a queso azul, ¡cabrales! Otra vez la sensación de los posos del Tang en boca. Me río para mis adentros ante la ocurrencia de que se trate de un vino naranja , es decir un vino blanco macerado con sus pieles. Volvemos a El Tiemblo, en esta ocasión para probar su albillo 2014 , también en tinaja. Otro vino sin duda peculiar, no sé cómo describirlo en nariz, digamos que no canta tanto como los anteriores. En boca sorprende, esperas otra cosa y muestra cierta redondez, a la vez que cierta frescura, una acidez que aparece y desaparece, o cuando menos se hace menos presente, cada que volvemos a la copa, puede que también fuese consecuencia del aumento de temperatura del vino según pasasen los minutos. Dejamos los blancos para adentrarnos en los tintos, comenzamos con una garnacha , también de El Tiemblo, de la añada de 2013 y fermentado en barrica vieja. A todas luces distinto del resto de elaboraciones, ya sea por las uvas empleadas o por cualquier otro motivo, los tintos de Fabio son, cómo decirlo, menos peculiares, las variedades son más reconocibles, los vinos parecen más vinos, hasta llama la atención encontrarse con aromas a frutillos rojos, frambuesas Terminamos la cata, sin salirnos de El Tiemblo, tan sólo cambiando la variedad, pero de la misma añada y muy posiblemente igual método de elaboración. Nos ofrecen, a modo de despedida, el vino elaborado con la uva tempranillo . Al igual que el anterior, sorprende por no ser tan extraño. Y me pregunto si es eso defecto o virtud. En sus blancos me resulta complicado sacar las variedades o su terruño, pero creo que sí reconocería a su autor. En el bando de los tintos, lo opuesto. Tomándome la licencia de parafrasear a mi antojo el título de la afamada obra teatral del gran Pirandello, diría que para los blancos se trata de un autor en busca de cinco vinos y, en el caso de los tintos, dos vinos en busca de autor. Estoy convencido de la gran adaptación de sus viñedos a su entorno, lo que me falta es la perfecta simbiosis de Fabio como artesano de estos vinos. No me cabe ninguna duda de que él no se dejará ninguna tecla por tocar y que, antes o después, dará con la clave para elaborar unos vinos únicos. PS: Agradecer al equipo de Enoteca Barolo, una vez más, la oportunidad que nos brindan de conocer buenos vinos a través de sus elaboradores. Un placer, cómo siempre.